MANFRED A. MAX-NEEF (*1932)
El desarrollo a la medida humana
Gerhard Drekonja-Kornat
El chileno Manfred Max-Neef estudió economía e hizo carrera como empleado de la empresa Shell.
En 1957 dio las espaldas a la industria y se dedicó a estudiar los problemas de los países en desarrollo.
Trabajó para organizaciones de la ONU y en diversas universidades de EE.UU. y América Latina.
Inspirado por el imperativo de E.F. Schumacher small is beautiful, desarrolló tesis que denominó
«economía descalza» y «economía a escala humana», cuyos criterios definió
ya en los años 80 en una matriz que abarca diez necesidades humanas básicas. En los años 90
formuló con la hipótesis del «umbral» la idea de que a partir de determinado punto del
desarrollo económico, la calidad de vida comienza a disminuir.
Antes que
sus datos biográficos se impone la presencia física del chileno Manfred A. Max-Neef: un gigante barbado,
que sólo a regañadientes se pone un traje y prefiere la práctica ropa de trabajo. ¿Se ve
así un profeta del Viejo Testamento?
Manfred Max-Neef nació el 26 de octubre de 1932 en
Valparaíso, Chile. Sus padres eran alemanes, que, sin embargo, no pertenecían a la clásica
inmigración introvertida del siglo XIX, sino a aquéllos que se trasladaron a América del Sur luego
de la 1° Primera Guerra Mundial. Su madre le transmitió una educación humanista y el amor por la
música; el padre, uno de los fundadores de la economía política chilena, la orientación práctica. Manfred
estudió casi inevitablemente economía e hizo carrera a mediados de los años 50 en el consorcio internacional Shell, en el
que llegó a ocupar un cargo directivo.
En 1957 sobrevino una conversión inspirada por la música: Max-Neef abandona
la carrera convencional para dedicarse al vagabundeo intelectual, desarrollando al mismo tiempo un creciente interés por cuestiones del
desarrollo. En 1961 acude a un llamado académico de EE.UU., donde pasa a ejercer la docencia en Berkeley, California. Allí
acompaña a los jóvenes rebeldes estadounidenses en su protesta contra la guerra de Vietnam.
Para Max-Neef, políglota
y entre tanto conocedor de las teorías del desarrollo, se multiplican entonces los encargos de jefatura de proyecto para la ONU (en
especial la FAO) y la OEA. En 1973 acepta un llamado de la Universidad de Chile, a la que arriba poco antes del golpe de Estado contra el
gobierno de la Unidad Popular. Max-Neef se marcha al exilio. En Argentina pasa a trabajar en la
Fundación Bariloche , fuertemente
marcada por Carlos Mallmann, y donde se cultivan simbióticamente las ciencias naturales, las matemáticas y la música. En
esos tiempos es editado «Límites de la pobreza», de A. Herrera y H.D. Scolnik, en el que se presenta el «modelo de
Bariloche» como respuesta al escenario de catástrofe formulado por Dennis L. Meadow en «Limits to Growth». En
«Límites de la pobreza» se trata de un modelo del mundo alternativo, basado en la igualdad y en la idea de cubrir las
necesidades básicas, que no termina con el colapso global. También la
Fundación Hammarskjöld , de Suecia,
comienza a interesarse por este chileno poco convencional y lo acompaña editorialmente.
Entre el trabajo de proyecto y la
reflexión teórica (que llevó a Max-Neef también varias veces hasta seminarios de la DSE), crece su bagaje de ideas.
Max-Neef es premiado finalmente en 1983 con el Nobel Alternativo.
Con el dinero del premio, Max-Neef funda en Santiago de Chile el (hoy
desaparecido) Centro de Alternativas de Desarrollo (CEPAUR), con el objetivo de poner en práctica sus ideas sobre un «desarrollo a
escala humana» y desde entonces se multiplican los premios internacionales. Max-Neef se transforma en miembro del
Club de Roma,
la Academia Leopold Kohr, en Salzburgo y la
E.F. Schumacher Society, en Inglaterra. En 1993 es candidato independiente para la
Presidencia de su país, una empresa destinada de antemano al fracaso en el Chile del milagro económico, a pesar de lo cual recibe
un importante voto minoritario. Posteriormente, Max-Neef es Rector de la pequeña, pero reconocida
Universidad Austral, en Valdivia
(«una ciudad a escala humana»), en el paradisiaco sur de Chile, donde la política de exportación a rajatabla no ha
dejado aún marcas visibles. No obstante, ni siquiera un Nobel alternativo puede satisfacer a todos: frente al rectorado, un disidente
escribió, no sin cierta poesía: «Sr. Rector, la Universidad no es un banco». Max-Neef sonrió y no ordenó
quitar el grafito.
Su propia búsqueda intelectual, la simpatía para con la gente sencilla, el
Small is Beautiful de
Schumacher, la obsesión de Leopold Kohr por unidades abarcables, el pensamiento alternativo de la Fundación Bariloche y sobre todo
su propio trabajo de proyecto alimentaron la búsqueda de Max-Neef de propuestas para la puesta en práctica del «desarrollo a
escala humana». El «desarrollo» fue definido por Max-Neef como la «liberación de posibilidades creativas» de
todos los integrantes de una sociedad, como un concepto claramente separado del crecimiento económico y sin ser una condición para
éste.
Estaciones en la senda hacia ese pensamiento fueron sus trabajos de proyecto durante los años 70 en Ecuador y Brasil,
que cristalizaron en sus
Experiences in Barefoot Economics. Tal fue el subtítulo de una de sus primeras publicaciones
From the
Outside Looking In, editada en 1992 por la
Fundación Dag Hammerkjöld. En ambos proyectos - en Ecuador dedicado a
pequeños campesinos indígenas de la región lluviosa del Pacífico (trabajo que le valió la expulsión
del país por parte del gobierno militar de entonces), en Brasil donde intentó revitalizar una pequeña ciudad en Minas Gerais,
interesante desde el punto de vista histórico-arquitectónico, pero desolada - impresionaron a Max-Neef la riqueza de ideas y la
creatividad de la gente sencilla, en tanto se le demuestre solidaridad, se le transmitan conocimientos y se le abran perspectivas.
Justamente, en el caso de esos grupos, fracasan los consejos de la economía política clásica, que apuesta por los beneficios
y para ello necesita una «masa crítica» que en los márgenes de una sociedad simplemente no existe. Para cerrar la
brecha, Max-Neef propuso una «economía descalza» que pone el acento en lo pequeño y el compromiso apasionado.
«
So much can be achieved by thinking and acting small. This should not be surprising, after all, smallness is nothing but immensity
on the human scale» (From the Outside Looking In, p. 205).
Inspirado por la
Fundacion Dag-Hammarskjöld, que para
su informe global «
What New: Another Development» (1975) necesitaba ejemplos de desarrollo sectorial alternativo en
América Latina, maduró en Max-Neef a mediados de los años 80 el instrumental de su «desarrollo a escala humana».
Como el desarrollo no debe ser impuesto desde arriba, sino que debe venir de la base, Max-Neef elaboró un método para aprehender los
verdaderos deseos y necesidades de la gente sencilla.
El objeto de su búsqueda lo ejemplifica el acto de una madre que amamanta a
su bebé: un recién nacido tiene una necesidad básica, la subsistencia; la satisfacción la encuentra en ser amamantado,
un acto que a su vez despierta otras necesidades, tales como protección, amor e identidad y simultáneamente estimula su
satisfacción.
De acuerdo con ese modelo, Max-Neef construye una matriz básica con nueve necesidades fundamentales (una
décima, la búsqueda de la trascendencia, le pareció entonces demasiado osada), conectadas axiológicamente con cuatro
categorías de satisfacción de necesidades. Las nueve necesidades fundamentales son: subsistencia, protección, afecto,
entendimiento, participación, ocio, creación, identidad y libertad. Las cuatro categorías correspondientes al nivel de
las satisfacciones son: ser, tener, hacer y estar. (Max-Neef, p. 32 ss.)
Siguiendo el esquema se obtiene una matriz con 36 campos. A
los satisfactores positivos se contraponen pseudosatisfactores o satisfactores inhibidores, que ofrecen una falsa satisfacción de deseos.
El armamento, p. ej., promete protección, pero disminuye la satisfacción de otras necesidades, tales como subsistencia, afecto,
participación o libertad; el nacionalismo chaunivista ofrece identidad, pero destruye otras áreas; el paternalismo impone
protección, pero a costas de la comprensión, la participación, la libertad y la identidad.
En el marco de los
preparativos de proyecto, los participantes son animados a buscar, primero en pequeños grupos, las respuestas positivas y negativas
a esa matriz, para luego, en el grupo mayor, concentrar y sistematizar los contenidos de la matriz. De esa forma se alcanzan numerosos
objetivos y sobre todo dos: se pueden identificar las reales necesidades a nivel local, pero también los temores, traumas y amenazas
y se logra un gran efecto de dinámica de grupo que inspira creativamente a los miembros de una comunidad, los anima a reflexionar
críticamente y los acerca entre sí.
Experimentos de este tipo se realizaron originalmente a fines de los años 60
y comienzos de los 70 en diferentes lugares de América Latina y luego continuaon en otros lados, aún en países desarrollados.
Con las experiencias así obtenidas cristalizó ya por entonces un resultado que tendrá un valor central en el pensamiento
posterior de Max-Neef: no existe, tal su tesis, correlación alguna entre el grado de desarrollo económico (industrial) y la
felicidad relativa de las personas implicadas y también parecen aumentar la soledad y la alienación en las sociedades desarrolladas.
Esas reflexiones llevan a Max-Neef en los años 90 a formular la tesis del «umbral»: en un determinado punto del
crecimiento económico, con la industrialización clásica, la calidad de vida de los ciudadanos comienza a disminuir.
Max-Neef verificó esa hipótesis sobre la base del
índice del Bienestar Económico Sustentable de la ONU:
Austria, en su calidad de tímido modernizador, obtiene una mejor posición que Alemania y los países de Europa continental
experimentan el «punto umbral» menos dramáticamente que Inglaterra o EE.UU. (donde la temprana política neoliberal hace
divergir fuertemente el crecimiento y la calidad de vida).
De ello resulta el corolario: «
quantitative growth must be
metamorphosed into qualitative development» (
Ecological Economics, p. 117). Desarrollo cualitativo no significa para Max-Neef
reducir la satisfacción de necesidades o de calidad de vida ni tampoco debe renunciarse a la ciencia y tecnología.
Para
resaltar mejor el argumento, Max-Neef creó (en forma paralela a la «sociedad de los 1,5 kilovatios» de Hans Peter Dürr)
el ECOSON. Este acrónimo signfica
ecological person y expresa la cuota de consumo de energía de un ciudadano que satisface
sensatamente sus necesidades básicas sin marginar a nadie. El ecoson es por lo tanto un indicador que se refiere tanto a la disponibilidad
de energía como a su justa distribución.
En vista de que la población mundial ha alcanzado la marca de los 6.000
millones, el consumo de energía
per cápita no debería pasar de 1,5 kWh por hora (=13.000 kWh por año).
Aplicando ese indicador a la población mundial, se llega a la - no sorprendente - conclusión de que los países industriales,
que representan una minoría de la población mundial, consumen demasiados ecosones, mientras que el Sur, la mayoría,
dispone de un modesto porcentaje de ecosones. Por ello, según Max-Neef, lo esencial no es reducir la tasa de natalidad en el Sur,
sino ahorrar ecosones en el Norte. «
It can be shown that if the ten richest countries of the world reduce their populations of Ecosons
by 5%, it would amount to almost two hundred millions, which is the equivalent of the weight of all India.» (Paper, Club of Rome, p. 4).
Tales afirmaciones no deben ser mal interpretadas como antiimperialismo ecológico. Por el contrario, es justamente ese exceso de
ecosones en los países ricos lo que amenaza seriamente el futuro de un desarrollo sostenible.
Para los conocedores de las
teorías del desarrollo, tales formulaciones no son nada nuevo. En ese sentido, Max-Neef no es tanto un teórico, sino más
bien un pensador pragmático sobre lo sensato y factible, que desea inspirar a la gente sencilla de la periferia geográfica y
social a desarrollar la iniciativa propia, la responsabilidad y la búsqueda de identidad. Tampoco es el fundador de una escuela propia
del pensamiento, sino que se mueve dentro de parámetros definidos ya por otros antes que él: Schumacher, Kohr, la Fundación
Bariloche, la
Fundación Dag Hammarskjöld. Max-Neef quiere ser una voz en el coro de los pensadores alternativos, una voz
obstinada y alta. Con orgullo relata que sus instrucciones para la matriz de necesidades y satisfactores es uno de los documentos más
copiados por grupos interesados en cuestiones del desarrollo, tanto en América Latina, como en Europa y el Tercer Mundo. Hoy se aplica
particularmente en Sudáfrica y Australia.
Ejemplo de Matriz negativa, realizada en Mendoza,
Argentina. | SER |
TENER | HACER | ESTAR |
| Subsistencia | Dependencia |
Desempleo | Depender | Destrucción del oasis |
| Protección |
Paternalismo | Seguridad social inadecuada | Depender |
Aislamiento |
| Afecto | Egoísmo | Falta de valorización de las actitudes
positivas del prójimo | Criticar | Diseminación temporal de la familia por razones laborales |
| Entendimiento | Incomunicación | Autoritarismo, Mediocridad |
Aceptar, Pseudo-informar | Destitución inadecuada de la población |
| Participación | Ignorancia | Desconocimiento de derechos y obligaciones | Depender |
Aislamiento |
| Ocio | Desinterés | Carencia de medios creativos |
Desvalorizar | Ausencia de ámbito incentivador |
| Creación |
Conformismo | Mediocridad | Destruir | Aislamiento, Hacinamiento |
| Identidad |
Falta de personalidad | Falsos prejuicios | Dividir | Aislamiento |
| Libertad | Dependencia | Falta de conciencia de las verdaderas libertades | Dividir, especular |
ámbito de dependencia |
Fuente: M. Max-neef, A. Elizalde, M. Hopenhayn, "Desarrollo a escala humana"
Max-Neef sabe bien que ello no modifica el problemático curso del mundo. En sus reflexiones sobre el futuro de la humanidad llega a
definir escenarios posibles entre el ocaso y la factibilidad. Como posibilidades se cuentan la desaparición parcial o total de la
humanidad como consecuencia de una catástrofe nuclear o ecológica. Pero el verdadero terror es para Max-Neef el escenario de
una concretización de la ciencia ficción, el supuesto de una sociedad de bárbaros polarizada, en la que los ricos
(como se observa ya en parte en algunas metrópolis latinoamericanas) se parapetan detrás de alambre de púa, rejas de a
lta tensión, muros con astillas de vidrio y vigilantes armados, mientras que alrededor, en medio de paisajes pesadillescos, los
marginados vagabundean y roban.
Max-Neef mismo se inclina por un escenario optimista para el futuro: una sociedad en la que se comparta
y reine la solidaridad y la igualdad. Pero, ¿cómo se llega a ella? Tampoco Max-Neef tiene una solución garantizada.
Para él, pueden ayudar los pequeños pasos de los «economistas descalzos», acciones solidarias entre los pobres
y la resistencia desde abajo contra la máquina modernizadora descontrolada, el regreso a lo pequeño, la aceptación
de la medida del ecoson, el compromiso alternativo y una relación respetuosa con el ser humano, los animales y la naturaleza.
Max-Neef quiere reunificar nuevamente las culturas científicas de nuestro tiempo que divergen, preparando en la
Universidad Austral
una serie de congresos internacionales junto con el Club de Roma sobre el tema «Ciencia, cultura, política, ética y
fe». De esa forma, la décima categoría de Max-Neef, la trascendencia, vuelva quizás por sus fueros.
Max-Neef
se mueve hoy en áreas que ya antes de él demarcaron Sócrates, los Evangelios y Francisco de Asís. Sin duda, se
transforma en un profeta, pero no de los que anuncia desgracias, sino de aquéllos que, a pesar de todo, permanecen optimistas y
ofrecen orientación. ¿Qué hacer?
Ejemplo de Matriz posiiva, realizada en Mendoza,
Argentina.
| SER | TENER | HACER | ESTAR |
| Subsistencia | Toma de iniciativas | Capacidad de creación |
Edificar Escuela Superior Fidela Amparán | Conciencia de los recursos naturales y humanos |
| Protección | Personalidad | Respeto por el núcleo familiar |
Conscientizar | Integración |
| Afecto | Solidaridad |
Entrega mutua | Criticar constructivamente | Espacios de encuentro |
| Entendimiento |
Armonía, conciencia | Perseverancia | Valorar Virtudes |
Comunicación sin discriminación: familia, escuela y comunidad |
| Participación | Iniciativa, humanidad, crítica, diálogo |
Respeto de los derechos humanos | Dialogar | Fábricas y Universidades |
| Ocio | Predisposición, originalidad | Imaginación |
Recrearse | Lugares de encuentro |
| Creación |
Imaginación | Originalidad | Trabajar | ámbitos de Producción |
| Identidad | Autenticidad | Personalidad integrada | Asumir |
Participacion en el medio social |
| Libertad | Respeto | Responsabilidad |
Tomar conciencia | Disponer de ámbitos propicios |
Fuente: M. Max-neef, A. Elizalde, M. Hopenhayn, "Desarrollo a escala humana"
Max-Neef responde cada vez más frecuentemente con parábolas y metáforas y aconseja p. ej. anudar «hamacas»,
para evitar la caída en el sector moderno. Pensemos solamente en la crisis de la «enfermedad de las vacas locas» en
Europa: no fue ningún colapso global, pero sí una catástrofe regional, consecuencia de la cría perversa de
animales. En ese caso, la «hamaca» sería el campesino ecológico, que puede compensar las pérdidas con
una oferta de productos naturales.
Una parábola que Max-Neef relata una y otra vez es la del rinoceronte. ¿Puede
un rinoceronte (el monstruo de la modernización) ser espantado con un palo? Seguramente no, pero miríadas de mosquitos
(que aparecen sin jerarquía y se reúnen espontáneamente) pueden hacerle la vida imposible al rinoceronte, de tal
forma que éste se marcha. La parábola refleja el optimismo de Max-Neef, que, a pesar de los espantos del siglo XX, cree
en un futuro viable para el siglo XXI. La condición es que los seres humanos lo queramos.
¿Lo queremos? En lugar
de dar una respuesta, el rector cuenta otra historia: desde su niñez se preguntó qué hace único al ser humano
y lo distingue de los animales. La respuesta que obtuvo en la niñez, que sólo el ser humano posee un alma pero los animales
no, pronto dejó de tener consistencia. Le siguió la explicación de que los animales tienen instintos, pero no
inteligencia: un supuesto que la ciencia demostró más tarde que era falso. Luego, de pronto, llegó la solución:
sólo el ser humano tiene humor. Pero esa tesis tampoco resiste un análisis serio, ya que también las aves y otros
animales se divierten y «ríen» los unos de los otros, relata Max-Neef. «Cuando, frustrado, hablé del
tema con mi padre», continúa, «éste me dijo que lo intentara con la estupidez». Al principio, fue un
shock para Max-Neef, pero pasados los años, la tesis continúa teniendo validez: «sólo el ser humano es
tonto».
Evidentemente tenemos que conformarnos con ello. Por ello, el primer paso en dirección a la supervivencia
es para Max-Neef ser menos tontos.
D+C Desarrollo y Cooperación (No. 2, Marzo/abril 2002, p. 25 - 29)
Editada por: Deutsche Stiftung für internationale Entwicklung (DSE)